Historias de parto



ENCONTRAREIS MUCHOS RELATOS.
LOS PRIMEROS QUE APARECEN 
SIEMPRE SERÁN LOS ÚLTIMOS QUE SE HAN COLGADO EN EL BLOG


EN ALGUNOS  DESPUÉS DE HABLAR LA MAMÁ, HAY EL RELATO DE LA VIVENCIA DE  LA PAREJA.

 ES IMPORTANTE CONOCER  QUE SIENTEN NUESTROS ACOMPAÑANTES DURANTE EL PARTO.

  VEREIS QUE ESTÁN  ESCRITOS CON MUCHO DETALLE Y CARIÑO



GRACIAS A TODAS LAS FAMILIAS QUE HAN ESCRITO SUS VIVENCIAS PARA QUE OTROS LAS CONOZCAN.

Y TAMBIEN GRACIAS A LOS QUE NO HAN ESCRITO AQUI,
 Y ME PERMITIERON EN SU MOMENTO COMPARTIR CON ELLOS,
 LA EMOCIÓN DE CADA NACIMIENTO. 

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NACIMIENTO DE AINA, 
PARTO VAGINAL CON CESAREA ANTERIOR

Hoy, hace dos años, comenzaste el viaje hacia la vida extrauterina.
Fueron muchos meses imaginándome ese momento, preguntándome como sería ese primer  paso, esas primeras sensaciones. Finalmente, la realidad sobrepasa a lo imaginado.
Era una madrugada de febrero, una fuerte sensación me hizo saltar de la cama, sentí mi ropa interior húmeda y ya supe que era tu primera señal de que ya estabas en marcha. Me levanté y comprobé que sí, que era  liquido amniótico. Eran las cinco de la mañana, pero la emoción era tan grande que fue imposible volver a coger el sueño. Al rato sentí las primeras contracciones, muy suaves. ¡Cuánto había deseado sentir cómo eran! Con Pau nunca lo supe, la cesárea por nalgas no me permitió experimentarlas, quedó pendiente. Pero todo fue un camino para que en aquel momento por fin pudiera vivir la maravillosa experiencia de traer a mi bebé al mundo. Como bien me dijo Rosa un día: “tú nunca te creíste la etiqueta de cesárea anterior”. ¡No! nunca dudé ni por un instante que no pudiera hacerlo. Siempre tuve una gran seguridad en mí y en mi alrededor para poder  conseguirlo.
Después de tres horas, el siguiente paso fue expulsar el tapón mucoso. Cada vez me iba emocionando más, me sentía eufórica. Llamé a papá para avisarle en el trabajo y vino a casa corriendo. También vino con él mi amiga doula Paula, quien posiblemente nos acompañaría en el proceso. Pero pareció ser que preferiste la intimidad total. Al poco de que llegaran se pararon las suaves contracciones. Aunque sentí un poco de impaciencia esperando a que se reanudaran, comprendí perfectamente la necesidad de dejar evolucionar el proceso a su ritmo natural, así que lo tome con paciencia. Aproveché para descansar.
Paso todo el día y toda la noche. Me desperté el domingo igual, con alguna contracción suave de tanto en tanto y continuaba sacando líquido amniótico. Como me sentía bastante descansada, decidí hacer vida normal pero aminorando el ritmo, esperando con paciencia tu llegada, lo que no sabía es que todo ese tiempo ya estábamos haciendo un gran trabajo preparto juntas. Así era el proceso, lento, dulce y suave.
Ya eran muchas las horas  que Paula llevaba en casa, me había cuidado maravillosamente pero sentí la necesidad de intimidad total, no sabíamos cuánto tardaría, por lo que entre todos decidimos que volviera a casa y, en cuanto el trabajo estuviera más avanzado, la volveríamos a llamar.
Era la madrugada del lunes, volví a despertarme a medianoche, esta vez ya con contracciones más intensas. ¡Qué emoción! Preparé mi habitación con las colchonetas, la pelota, la música… Pensé: “ahora ya es diferente”; pero a las tres horas se volvió a parar. Papá llevó a Pau a la Pupusa y nosotros continuamos  esperando con paciencia. Noté que era diferente; aunque no eran regulares, la intensidad iba en aumento. Al mediodía nos vio Rosa, escuchamos el latido y nos explicó de los beneficios de este largo y suave trabajo de preparto y nos advirtió que seguramente pronto se produciría el desenlace.
Con tanta emoción y expectativa ya eran tres noches que no dormía seguido, me sentía cansada, de modo que aquella tarde me relajé y dormí una larga siesta. Me desperté tarde, ya había oscurecido, me sentí recuperada y recargada. Estuve escribiéndote el proceso, la comunicación entre nosotras fue mas viva que nunca, te sentía muy muy cerca.
Estaba muy relajada, ya me daba igual un día más que un día menos, confiaba plenamente en la naturaleza del proceso. Llegó la noche y ya llevábamos desde la tarde con contracciones regulares cada 10-15 minutos, aunque seguían siendo suaves.
Sería más de las once de la noche cuando, estando durmiendo a Pau, sentí una contracción tan intensa que tuve que salir de la cama porque no podía soportarlo tumbada. Ya solo quería recogerme en la habitación cálida que me había preparado para el trabajo de parto, y pronto me introduje más y más hacia mi interior, a sentir juntas cada sensación en mi cuerpo, en respirar cada una de aquellas intensas contracciones que me conducían a un estado introspectivo, misterioso, femenino, mamífero. Papa estaba conmigo, su amor me sostenía, me arropaba. Me sugirió en llamar a las comadronas  , primero pensé que era demasiado pronto, pero como cada segundo iba creciendo enormemente la intensidad las llamó para que vinieran a casa. Al poco llegaron, nosotros estábamos en el cuarto de baño, el agua de la bañera me hacia soportable la gran intensidad de las contracciones. No lo sabía pero estaba pasando el desierto, no sabia si lo soportaría mucho más cuando de repente una calma y una inmensa fuerza mamífera se apoderó de mí. Sentí unas enormes ganas de empujar. Unos potentes rugidos las hicieron venir al baño. Efectivamente, tu cabecita estaba a punto de salir, papa me sostenía muy fuerte para que nosotras pudiéramos hacer el esfuerzo final y en dos o tres contracciones más saliste con fuerza hacia mis brazos. ¡¡No me lo podía creer!! Estabas ahí, en mis brazos ¡¡Te había parido!!  ¡¡Estaba extasiada!!!

Fueron unos increíbles momentos grabados a fuego en mi interior y en mi historia, no se puede explicar con palabras las sensaciones, las emociones y la fuerza interior que esta experiencia de encuentro respetado me ha regalado.

Gracias Montse y Rosa por vuestro respetuoso y amoroso acompañamiento.
Gracias Miquel por tu amor y sostén.
Gracias Pau y Aina por convertirme en madre.




NADIA I EL NAIXEMENT DE LA PLACENTA

                       Em dic Nadia i escric amb el meu fill Otger amb braços. Ell té 6 mesos i, al igual que seu germà Yapeyú, va neixer a casa. Dues experiències fascinants per a nosaltres. Les llevadores i amigues Montse Bach i Rosa Escribà van ser qui ens van acompanyar  i mimar en tot el procés   d'embaràs, part i post-part. Tots dos parts van transcórrer amb molta normalitat i  nosaltres els vam viure molt feliçment 

El part de l'Otger, el meu segon fill, va ser molt semblant al del Yapeyú, el primer: inici de contraccions al vespre, contraccions de treball de part durant la nit i contraccions d'empènyer quan començava a despuntar el sol. L'expulsiu de l'Otger va ser ràpid, una estoneta a la banyera i al sortir només van caldre 4 contraccions per a que poguéssim veure-li la carona. Una sortida neta, amb molta aigua i cap estrip.

Tot va anar rodat, l'Otger de seguida popava i descansava als braços de la mama mentre el papa i el Yapeyú gaudien compartint aquell moment tan feliç i emocionant.

La única particularitat la vam viure amb la placenta. Una placenta que ja portava 3 hores despresa i sense voler sortir. La llevadora anava controlant l'assumpte: no hi havia sagnat anormal i  la placenta es mantenia despresa de l'úter. Jo sentia la meva bufeta urinària plena però era incapaç de fer pipí. Sentia que sense orinar seria incapaç d'expulsar la placenta. Estàvem tranquils per què sabíem que la Montse estava allà però ja teníem ganes de que la placenta s'expulsés i cada cosa continués el seu cicle.

Quan la placenta ja portava una estona entre el coll uterí i la vagina, la Montse em va convidar a provar de seure'm un altre cop al vàter per intentar empènyer i expulsar-la. També em va aconsellar que provés de reviure les sensacions de durant el part. I així ho vaig fer: asseguda al wc i amb el calefactor a tota potència, em vaig amagar sota una tovallola gran i entre càntics i balancejos vaig apropar-me a les sensacions màgiques del part. De sobte, em van entrar unes ganes terribles d'empènyer i ja va estar! Va sortir la placenta i tot el pipí. Em van quedar un descans i un benestar fabulós i la satisfacció d'haver-ho expulsat sola, sense haver d'estirar ni acudir a oxitocines. Havien passat 3 hores i mitja des del naixement de l´Otger per a que la placenta s´expulsés també. Després de d´aquesta experiencia sento que també la meva placenta necesitava el seu temps.





JA FA UN ANY  

Ja fa un any i sembla que va ser ahir quan esperava impacient poder conèixer per fi cara a cara l’Anna.

Diuen que s’oblida, però jo recordo des de la primera contracció del divendres a la tarda, fins el primer instant que la vaig tenir entre els meus braços diumenge al migdia, encara amb el cordó bategant...

No són records dolorosos, tot i que el dolor hi va ser present, ni tristos, ni angoixants.... 
són records d’un procés que si bé va ser llarg i costerut, va tenir la millor de les recompenses.

I va ser gràcies a vosaltres amigues,M. Àngels,  Rosa i  Montse que aquests records 
no tenen un  regust amarg d’hospital, cosa que no puc dir del meu primer part.

Des del principi us vaig tenir allà, acompanyant-me amb respecte i professionalitat, 
donant-nos força i guiant-nos a cada pas.

Al principi tenia dubtes, reserves i pors, no confiava ni en mi ni en vosaltres, però al moment de la veritat, quan vareu arribar a casa i jo era dins la banyera, ho recordo perfectament, em vareu dir que era el moment de decidir marxar o quedar-se i jo no ho vaig ni pensar, em va sortir de dins meu, imparable, irracional, 
ens quedem !!!

I ens varem quedar, i varem suar, cridar i empènyer tots alhora per fer possible el miracle, i finalment després de fer-se pregar de valent, va sortir l’Anna amb els ulls oberts mirant el món per primer cop,
 i el primer que va veure va ser casa seva i la seva família i aquest va ser el nostre primer regal per ella, possible gràcies a vosaltres.

No cal dir que l’acompanyament i cures post part també van ser excel·lents, 
no hi ha res que es pugi comparar amb que vinguin a casa teva, no es pot demanar més !

Tot i que les paraules sovint no són suficients per resumir els sentiments,
 només us vull dir una cosa més... GRÀCIES !

Núria, Anna, Maria i Ruben 


MARÍA, ABORTO NATURAL EN CASA

Aunque os pueda parecer extraño, me siento afortunada y poderosa de haber pasado un aborto natural en casa. Por eso, os quiero contar mi experiencia.

Empecé teniendo pérdidas que iban aumentando a medida que pasaban los días. 
Al cabo de una semana empezaron los dolores de regla y decidimos ir al hospital para que me hicieran una ecografía. El ginecólogo me dijo que el embrión se había quedado pequeño, que no crecía, pues yo ya estaba de 2 meses y el embrión era de 4 semanas.  Me aconsejó que en 3 días volviera al hospital, que me darían la píldora vaginal para provocar el aborto si mi cuerpo aún no había expulsado al embrión.
Me fui a casa pensando que yo no quería que me provocaran el aborto, que mi cuerpo era sabio y que ya lo expulsaría por sí solo. Además sentía que ese ser de 4mm se iría cuando quisiera, no cuando dijeran los médicos…

Ese mismo anochecer comencé a sentir pequeñas contracciones (como un inicio de parto) que cada vez eran más seguidas…Cada 3 ó 4 minutos, un rato corto, tenía que cambiarme la compresa, pues mi cuello del útero era como un grifo que se abría, salía un chorro de sangre y se cerraba. Era la fuerza de mi útero sacando al embrión que había decidido no crecer.
Mi madre preocupada me dijo que fuera al hospital pues temía una hemorragia. Yo sentía que meterme en un coche y después en un hospital era algo que no me apetecía en absoluto. Sólo quería estar tranquila.

Llamé a una amiga comadrona y me dijo que eso no era ninguna hemorragia, pues una hemorragia es como tener un grifo abierto que no para y muy cuantiosa. También me comentó que para que el aborto siguiera su curso tenía que estar relajada, sin ruidos, con luz ténue, como cuando estás de parto.
Me encerré en mi habitación dónde estuve unas 3 horas sintiendo como latía el órgano más poderoso de mi cuerpo, mi útero, hasta que cesaron las contracciones y pensé que el aborto había finalizado. Ahora el grifo se abría cada hora en vez de cada 3 ó 4 min.

Al día siguiente seguía perdiendo sangre con pequeños coágulos y dolores punzantes y de regla. Al siguiente día también. Llamé otra vez a mi amiga comadrona. Ésta me dijo que a veces el aborto puede durar hasta 3 ó 4 días, que todavía tenía restos que iría sacando y que si no tenía fiebre no había necesidad de ir al hospital. La fiebre nos indicaría que hay infección, cosa que sería peligrosa. 

Fueron 3 días de dolores de regla que iban y venían. Me fue muy bien una manta eléctrica aplicada en la zona de los ovarios y  los riñones. También se puede usar una bolsa de agua caliente o un saquito de semillas caliente. Masajear la zona de los ovarios y el útero con agua caliente de la ducha también me ayudó mucho.
Al tercer día después del inicio del aborto saqué dos coagulos de la medida de una nuez, los dolores desaparecieron y la sangre fue menguando.

Me siento afortunada de haber pasado el aborto en casa, teniendo así la oportunidad de despedirme de ese ser a poco a poco.     
Creo que no hay necesidad de ir al hospital a que nos controlen el aborto si todo cursa de forma espontánea y sin signos de fiebre, dolor excesivo o hemorragia que no cede.
Estoy segura de que si hubiera ido al hospital el 2º o 3er día después del inicio del aborto me hubieran hecho un legrado o una aspiración “por protocolo” con todos los riesgos y secuelas emocionales que eso conlleva. El cuello del útero es muy delicado, no dejemos que nos los abran y se nos metan dentro cuando no hay necesidad. 
Es un órgano sagrado.Conozco a mujeres que les han hecho un legrado o una aspiración y luego se han quedado con una horrible sensación de vacío y sumisión.

 El cuerpo quiere su tiempo para adaptarse a los cambios. No le metamos píldoras para provocar contracciones, ni dejemos que nos aspiren ni nos raspen.
Abramos los ojos mujeres, nuestro cuerpo especialmente nuestro útero,es el regalo más grande que nos ofrece la naturaleza. Me siento poderosa, poderosa de poder contar mi historia a todas las mujeres y a las de más abajo, a nuestras hijas. Animaros a confiar en vuestro cuerpo, a sentir esa fuerza que late en vuestro interior sin miedos.

Mujeres sintamos nuestros ciclos, partos, abortos. Nuestro cuerpo es capaz de hacerlo todo por sí solo. Éste sólo nos pide estar tranquilo para poder hacer su curso.
Espero que mis palabras ayuden a muchas mujeres. 
Merecemos un aborto y un parto respetado.
Mucho amor
Maria



NACIMIENTO DE HELENA, nuestra primera hija en casa
                      
Poco después de saber que estaba embarazada de mi primer bebe y que todo iba bien, me empezó a preocupar el parto, tenia miedo, estaba intranquila por el dolor, por las contracciones, por que todo fuera bien o  por el traslado de casa al hospital….

Empecé a indagar por internet, a leer artículos, leer experiencias de otras mujeres, leer libros  y después de tener información y saber que se podía realizar el parto en casa,  me acorde de que YO NACI EN CASA (mi madre tuvo a sus dos hijas en casa con la ayuda de una comadrona y las mujeres de su familia).

Y   así supe cómo quería que fuera el nacimiento de mi hija: EN CASA!!!

Le comenté a mi marido la posibilidad de tener a nuestra hija en casa. Estuvimos pensando los pros y los contras y el hecho de tener un parto respetado sin intrusismo, al ritmo de ella y no tener nervios por el traslado, pudo más.

El momento del parto llego en fin de semana,  sensaciones  tipo calambre o dolor menstruales llevaderos y el lunes 28 de madrugada (2h) por fin, empezó el parto, es decir empezó la llegada de Helena.  Unas contracciones fluidas, me hacían pasear por toda la casa cantando, hasta desayune un bizcocho con leche, que rico!. 

 A las 7h llame a la comadrona porque las contracciones eran muy seguidas y con mucho dolor y quería estar segura que todo iba bien, (aunque no me importaba seguir a solas). Me puse en la bañera varias veces durante el proceso, para relajarme y la verdad con el agua calentita y las velas y sobretodo la presencia de marido observando y acompañándome, todo fue fluyendo. Con la comadrona íbamos escuchando el latido de Helena y esperando. Cuando tuve la sensación de “cagar” fue entonces cuando  supe que tenía que ayudar a mi hija a nacer, y aunque tenía ganas de pararlo todo y seguir otro día, pudo más que mi hija quería nacer.

 De pie delante de la mesa del comedor (no podía estar tumbada aun dolía mucho más), fui empujando a medida que el cuerpo lo iba pidiendo, gritando (me sorprendí a mi misma con los gritos porque nunca había gritado ni en las atracciones de Port Aventura )y llorando y así  nació mi bebe, 11,20h. Que impresión verla toda con una color gris, rojo hinchada y mirándome, ya estaba en mis brazos!!!! Luego fue el momento “piel a piel”, olerla, acariciarla, dejarla que buscara el pecho…. El cansancio que tenía se había desvanecido, experimentaba una gran energía, no podía dejar de mirarla y acariciarla…

Habla el papá:
En el momento en que estaban curando a mi mujer, pude coger, al fin, a mi hija. Me saque la camiseta, la arrope hacia mi pecho, sin parar de mirarnos. Fue una experiencia realmente fuerte, el poder estar allí, participar, observar, acompañar y sostener al fin a mi hija, fue un regalo de la vida.

Es una experiencia primitiva, muy intima y fuerte.
LAS MUJERES ESTAMOS PREPARADAS PARA PARIR DE FORMA SIMPLE.

                                                    

MI QUERIDA AMANDA & COMPANY...

Es difícil resumir una experiencia de parto cuando hay tantos recuerdos, sentimientos, sensaciones, emociones y anécdotas.

EL DÍA QUE NACIÓ NOA
El parto de Noa no fue ni normal ni fisiológico, sino totalmente protocolizado e intervenido pero, gracias a ella y a todo lo que hemos aprendido desde entonces, sus hermanos han tenido un nacimiento respetado.
Por eso, por ese gran regalo suyo, creo que merece estar aquí.
Lo cierto es que la vivencia del parto en sí no fue mala: no teníamos ni idea de nada, así que hicimos y nos hicieron lo “normal” es decir, lo habitual: oxitocina, monitorización externa e interna continua, epidural, kristeller, episiotomía, fórceps… un parto rapidito de 8 horas desde la primera contracción.
Diez meses más tarde, en el curso “Maternidad Entrañable y Gozosa” de la Universidad, en Jaca, en un taller con matronas, pusieron el video “Callate y Pujá” como ejemplo de malas prácticas. Fue como un sartenazo. Ahí me enteré de que mi parto no había sido “normal”, había sido malísimo. Pero lo peor fue saber todo de lo que se podía haber librado Noa.
Asumo mi parte de responsabilidad: nada pedí, nada tuve.
Bueno sí, tuve una hija estupenda a la que “enganché” a mi teta contra viento y marea. Las lactancias y los hijos son sanadores, pero no nos deben hacer olvidar.

EL DÍA QUE NACIÓ ENAI
Con Enai, como no se nos iba a olvidar, sabíamos que tenía que ser de otra manera. Así que nos informamos, leímos y leímos, y nos preparamos.
Le pedimos a nuestro amigo Nacho Matute, comadrón, que nos asistiera en casa… y con tanto hombre a mi alrededor yo quería una mujer sabia a mi lado. Así que le pedí a mi amiga Lilia que me acompañara.
Lo teníamos todo listo: pelota, bañera, silla de partos, velas, música… y tal cual, se quedó. El parto fue tan rápido que no usé nada.
A las 2.30 me despertaron las contracciones, a las 3.15 me levanté y le dije a Edu que “esto iba en serio”. Me tumbé en una cama que me había preparado (Noa estaba durmiendo en la nuestra), recuerdo que entre contracciones le decía: “Pero si no has puesto plásticos!!! Si estos no son los calcetines que te dije!!! Se supone que no tengo que activar mi neocórtex!!!”
Las contracciones eran cada vez más intensas y el dolor como para volverse loca. Yo intentaba relajarme, pero no podía, no daba tregua. Le decía a Edu: “Qué mal lo voy a pasaaar! Qué largo va a ser estooo!” yo me imaginaba estar así horas y horas.
A las 4 llegó Nacho y me dijo que estaba en completa, no me lo podía creer, me relajé, me puse a cuatro patas, y así nació Enai a las 5.15.
Lilia llegó en ese momento, vive a dos horas! Qué presencia tan importante, incluso en la distancia.
 A las 8 de la mañana amaneció Noa, sólo se había despertado una vez en esa noche y, por primera vez, aceptó volver a dormirse con su papi.
 Éstas fueron mis reflexiones al mes del parto:

Esta experiencia me ha aportado muchísimas cosas.
-          Confirmar que el parto es un proceso fisiológico, normal, instintivo e imparable. Me da pena pensar que, con lo fácil que puede llegar a ser, cómo lo complicamos.
-          A mí, personalmente, me ha ayudado a curar las heridas de mi primer parto. No tanto las físicas, si no las emocionales. El demostrarme a mí misma que sí soy capaz de parir, que mi cuerpo sí sabía hacerlo, sabía empujar, sólo había que dejarlo libre. Reconciliarme con mi periné y mi sexualidad, tan dañados cuando nació Noa. Salgo reforzada con una sensación de PODER, de que tras esta experiencia, puedo hacer cualquier cosa. He crecido como mujer.
-          He confirmado lo que dice Laura Gutman con respecto al dolor y al sufrimiento. Se puede sentir dolor, pero no sufrir, y puedes sufrir sin sentir dolor. En el parto de Enai hubo dolor, más o menos intenso según el momento, pero era eso, dolor. Y mi cuerpo estaba física y emocionalmente preparado para soportarlo. En el parto de Noa apenas hubo dolor porque llevaba epidural, pero sí sufrimiento: cuando Noa entró en bradicardia, cuando fui consciente de mi parto y, sobre todo, del nacimiento traumático que tuvo mi hija.
-          La inmensa satisfacción de haberle proporcionado a mi hijo el mejor nacimiento que podía ofrecerle, la bienvenida más dulce a este mundo y en compañía de grandes personas.

EL DÍA QUE NACIÓ ENZO
 El día que nació Enzo nos lo pasamos fenomenal, y eso que no empezamos nada bien.
 Como 10 días antes de FPP, a las 3 de la mañana, en la cama, rompí aguas. Del susto pegué un salto y me puse a cuatro patas en el suelo, dispuesta a parir. De hecho, me sorprendía no tener contracciones.
 Se hizo de día, pasaba el tiempo, pero de contracciones, nada de nada.
 Fue un día genial, o así lo recuerdo yo. Los niños por casa, a su aire, viviendo el proceso con naturalidad, su hermano iba a nacer (no sé cuándo), pero no había miedos, ni prisas… Comimos todos juntos, Noa quiso irse al cole y, a eso de las 5, empezamos a pensar que igual era posible que Enzo sí naciera en casa.
 A las 6 Rosa avisó de que salía de Lleida, yuju! Llegó dos horas más tardes, escuchó a Enzo  (estaba fenomenal), me hizo un tacto y dijo: “Todo favorable, ahora sólo falta que te pongas de parto. Nacerá ya en día 12” y recuerdo que le dije: “Bueno, aún son las 8!”
 Pedí quedarme sola en mi habitación, bajé las persianas, me quedé en penumbra y empecé a pasear. Al poco, empezaron las contracciones! Muy suaves al principio, pero ahí estaban, rítmicas y constantes. Al rato empezaron a molestar, así que pedí la mantita eléctrica y los masajitos tan guays de mis mujeres.
 A las 9.15 vino Noa, que se había cenado con unos amigos y entró con Enai al baño a darme un beso.
 La cosa empezó a ponerse seria y muy dolorosa. Qué pereza me daba! Me preguntaban: “¿Qué necesitas?” y yo respondía: “Que se acabe yaaaaa!” Al poco empecé a pujar, Rosa me exploró y me dijo: “Adelante, estás en completa”, eran las 10 de la noche.
 Así que otra vez de rodillas en el suelo y apoyada en la cama, fue descendiendo Enzo, lo noté  perfectamente. En un pujo sentí cómo bajaba por mi pelvis y llegaba al periné. “Que venga Edu, que se lo va a perder!” Vino corriendo y se fue a buscar a Noa (que estaba durmiendo) para que viera nacer a su hermano, ya que había insistido en que quería verlo. Llegaron cuando la cabeza aparecía y yo más gritaba y lloraba. Enzo nació y también empezó a llorar con fuerza… tal vez nos despedíamos de nuestra unión interior.
 A Enai también lo trajo, pero estaba tan dormido que no se enteró de nada. Eran las 22.35, había nacido ese mismo día.
 Enzo empezó a mamar, nos metimos en la cama. Una hora y media después apareció la placenta. Nos comimos la pizza que había traído el repartidor en mitad del expulsivo. Y tras varias risas y anécdotas, nos fuimos a dormir de madrugada.
 Esa noche dormimos en casa 10 personas. Nosotros que ya éramos cinco, Rosa, Lilia, Isa, Javi y Javito.
 Me encanta recordar aquel día. Fue una experiencia totalmente familiar, rodeada de la tribu y vivida con normalidad y alegría. Me gusta pensar que Noa, con sus 5 años, viviera tan de cerca el nacimiento de un niño, su hermano, de esa manera tan positiva.

Le agradezco a Enzo que decidiera esperar a nacer en casa, me regaló un parto que sentí y disfruté muchísimo (a pesar del dolor). Y a todos los que lo hicieron posible, ya lo saben.



PVDC: PARTO VAGINAL NATURAL DESPUÉS DE   CESÁREA  EN HOSPITAL PIUS DE VALLS, 
NACIMIENTO DE NEKANE

20 de juny del 2012

Ja compleixo 41 setmanes i un dia, estic pesadíssima, a més tothom em pregunta, “què no surt?” i això fa que s’allargui més l’espera, però és el que toca.

El meu primer fill va ser completament diferent, a la setmana 32 vaig tenir pèrdues i em van haver d’ingressar fent repòs absolut, cada dia anava tenint petites pèrdues fins que un dia van veure que provenia de la placenta, amb la qual cosa em van haver de fer una cesària d’urgència. Era la setmana 34 , va ser molt ràpid, em comencen a entubar, entro a quiròfan, anestesistes, m’obren la panxa i treuen al Marc, ni tan sols me’l van deixar agafar, només acaronar-lo un miqueta, al néixer prematur, se’l van haver d’endur cap a la incubadora.

Bé, anem al tema, aquest 20 de juny, em disposo al portar al Marc a l’escola, sentia un dolor estrany, anava i venia, però, com que amb al Marc no vaig patir cap mena de dolor, no sé si era normal o què, vaig deixar passar el dia. Al migdia, ja el dolors eren més freqüents, truco al meu marit i de seguida cap a l’hospital. Eren les tres, la llevadora, Montse Bach Martínez, amb va explorar i estava dilatada d’ 1, en tot moment la Montse em deia que tot aniria molt bé que la nena estava molt ben encaixada.

Bé, primer em van monitoritzar i a l’acabar vaig passar a l’altra sala de dilatació, en aquella anava passant les contraccions fent servir les pilotes, les lianes, caminava, cada cop que venien i marxaven. Quan ja estava dilatada de 5 la Montse em va oferir la banyera amb aigua calenteta per alleugerir els dolors de les contraccions, la veritat és que em calmava molt, cada cop que em venia un dolor, el meu marit amb l’ajuda d’un got, m’anava posant aigua calenta per la panxa.

Al cap d’una horeta o així, vaig decidir sortir de l’aigua, els dolors anaven en augment i la mobilitat cada cop era més difícil, vaig tornar amb les pilotes i les lianes per alleujar els dolors, cap a les 21:00 ja estava dilatada de 8. Va ser una dilatació relativament ràpida per ser el meu primer part, ja que el primer va ser cesària. Els dolors ja eren bastant intensos, aclamava a crits que em donessin alguna cosa per alleugerir els dolors, la Montse em deia que no valia la pena, ja li tocava el cap!!!! La Nekane ja s´apropava!!

Doncs sí, ja era l’hora, bé es va retardar una miqueta, estava tan ben encaixada que va retardar l’expulsió, ara sí, ja era l’hora de començar a empènyer de veritat, amb aquells dolors insuportables no sabia ni com empènyer…, he de dir que sense l’ajuda de la Montse no sé si hagués aguantat, cada cop que venia una contracció havia d’inspirar i fer moooooooooolta força, com quan vas de ventre. Anaven i marxaven, em van posar un mirall davant per veure com es deixava entreveure el caparró, suposo que això em va donar les últimes forces que necessitava per que finalment sortís el cap del tot i la petita Nekane arribés al món.

Aquell moment va ser màgic, al costat del meu marit, jo mateixa treient-me a la Nekane i acostant-me-la al pit!!!! Inoblidable, en aquell precís moment tots els mals que vaig passar, se’m van oblidar del tot. La meva petita ja era aquí.

Bé, doncs ja he explicat la meva, per mi, fabulosa, experiència de part. S’ha de dir, que no em van fer cap tall, ni cap punt, ni per dins ni per fora, o sigui que fantàstic!!!



UNA VEZ MÁS, CON LAS GRANDES MUJERES DE ALCAÑIZ


Hola mis queridas compis del parto de Alex!!!!
Pues que estábamos pensando en hacer una merienda-cena-agradecimiento-celebración por el nacimiento de Alex, y necesitamos saber qué día os vendría bien. 

Aprovecho el mensaje para agradeceros toda vuestra ayuda, ya que personalmente no me salen las palabras.
 Pues eso, que estoy muy contenta y muy agradecida a todas por vuestra ayuda en el parto de Alex. 

Ya sabéis todas que estoy contentísima por el parto que tuve, como dijo mi hermana, he tenido el parto que deseaba, (ya se me salen las lágrimas!!). Pues sí, después de tanto pensar: cómo será, cómo acabará, y si necesito ir al hospital, y si voy al hospital qué me harán y qué les diré que no me hagan, y ¿me harán caso?, y después de tanta preparación del plan de parto (que al final no entregué), después de pensar y discurrir dónde colgaré el fular en casa para colgarme, después de pensar que me da apuro que los vecinos me oigan chillar, después de pensar si Montse estará de guardia o no, ..... después de pensar tantas cosas que podían pasar ....
 al final no pasó nada, bueno sí, pasó lo más importante: Alex nació.

 Y nació en casa, tal como yo quería desde el momento en que me quedé embarazada (pues ya me veía colgada del fular) aunque luego maduré la idea e intenté buscar los pros y los contras. (Y la verdad solo encontré los pros). Y nació al lado de su papi y la mamá rodeada de su hermana y de buenas amigas, y su hermano vino enseguida a verlo y dormimos los cuatro juntitos, ¡qué gozada!.

 Os agradezco enormemente vuestra ayuda a conseguir el parto que deseaba. 
Todas me habéis ayudado mucho, no me refiero solamente al momento del parto sino antes, a abrir camino,
 a hacer que mi mente estuviera relajada y tranquila y saber que no necesitaba nada más.
 Eso es lo curioso, lo tranquila que estaba ese día en plenas contracciones, sabía que ya estaba aquí, que la cosa iba rápida. 
 Gracias por venir Isa, me acuerdo del beso que me diste para decirme que ya habías llegado, me dio mucha tranquilidad, gracias por estar a mi lado durante todo el rato, me acuerdo que con Montse cogiste a Alex cuando nació.                                                                                                  
 Gracias a mi hermana Nuria por estar a mi lado, darme fuerza y compañía, abrirme camino, pues el parto en casa tú ya te lo habías planteado para ti y tus opiniones sabes que me influyen, gracias por comprar las velas y el espejo que todavía no tenía, me tranquilizó mucho tenerte a mi lado justo cuando las contracciones iban aumentando (¿será por eso que iban aumentando?), me acuerdo que al final, entre contracción y contracción, descansaba un poco apoyada en tu pierna, gracias por llevarte a Oscar a cenar y traerlo después, y gracias por estar en mi parto, no quería que te lo perdieras y me acuerdo que le decía a Joan: llama a mi hermana que Alex ya está aquí y se lo va a perder.
 Gracias Amanda por estar ahí, no estabas justo en el momento del parto pero como si lo estuvieras, viniste enseguida, me acuerdo que cuando llegaste yo tenía a Alex encima de mi, gracias por las charlas de preparación al parto que nos das con tu tranquilidad y sabiduría, gracias por los libros prestados (y que tardo tanto en devolverte), gracias por abrir camino, gracias por presentarnos a Montse.
 Gracias Montse por eso, por ser una profesional tan buena, por ayudar a las madres a tener unos partos felices, gracias por la confianza y seguridad que irradias. Me acuerdo cuando llegaste y me dijiste: "lo haces muy bien",
 y me acuerdo cuando al final me dijiste: "cógelo Sofia, cógelo, ya está aquí" y yo te dije:"pero ¿por dónde lo cojo?" y ya está, me lo diste y ya tenía a Alex encima de mí.

¿Sabéis qué imagen tengo del parto? Cuando estaba yo sentada en la silla de partos, acababa de expulsar la placenta, tenía a Oscar a mi lado que miraba con cara de intriga a su hermanito Alex, y todas vosotras estabais
 a nuestro alrededor. Esa es la imagen que tengo, ¡qué momento de tranquilidad y felicidad!

Por último y aprovechando que estoy inspirada y con la cara llena de lágrimas y de mocos, también quiero agradecer a mi marido, pues a veces nos olvidamos de los que tenemos más cerca.
 Gracias Joan por apoyarme desde el principio en la decisión de parir en casa, por estar en todo y en todas partes (pues a la vez estabas en el parque, en la biblioteca y conmigo de parto), por encargarte de todo, por cuidarme tanto como me cuidas, por tener tanta paciencia conmigo, en fin por ser como eres.

Pues eso MUCHAS GRACIAS a todos por ayudarnos a tener el PARTO DESEADO. No sé si os dais cuenta, pero cada una de vosotras (o vosotros, incluyendo a Joan) habéis aportado algo para conseguir este parto deseado.
 Si hubiera faltado alguien de vosotros no lo hubiéramos conseguido, de verdad, no lo digo por decir, pensarlo un momento y veréis que tengo razón. ¿A qué no os habíais dado cuenta?.  

Bueno la verdad es que no me quería extender tanto, pero me ha salido así, sin pensarlo. 
Pues eso, que como estamos agradecidos pues nos apetecía invitaros a comer o a cenar. Ya nos diréis. 
Por cierto Montse, tenía pendiente de mandarte un mensaje para decirte que me encanta tu blog, me ha gustado mucho, quería decirte también que a ver si encontraba tiempo para escribir mi parto en el blog, pero visto que hoy sin pensarlo me ha salido así, igual serviría ya para el blog, no sé.
Muchos besos y nos vamos hablando.
Sofía.


UNA DILATACIÓN EN CASA...

Em desvetllo perquè, dormint, em giro al llit i noto quelcom líquid i calent que em mulla, 
sé el que és, ens hem preparat molt per aquest moment.
Ara ho recordo, i m’imagino al Pol, fent un foradet amb el ditet a la placenta...cridant-me:
 -Mare! Ja sóc aquí!
Amb tota tranquil·litat vaig anar al bany a comprovar que el líquid era clar i olorava dolcet,
 l’olor que després va mantenir el Pol durant setmanes.
Vaig despertar al meu home, mentre ell acabava de preparar quatre coses per casa 
(espelmes, mantes, aigua, ...) i per la clínica . Jo em vaig dutxar i relaxar, 
se que mentalment m’estava introduint al meu món i al meu moment. 
Vam estar al llit descansant entre contraccions, tot el part van ser molt regulars, cada 5 minuts,
 sol van anar variant en intensitat.
Als tres ens van acompanyar primer la Rosa, després va marxar , i vam fer el procés amb Montse.
Va ser tan útil! Que ella hi fos ens deixava no preocupant-nos per res, ella sabia que fer,
 nosaltres tres sol havíem de viure-ho!

Quan la dilatació quasi  estava completa 
i el Pol havia d’acabar de baixar, 
les contraccions van arribar al pic més alt,
 va ser l’estona més feixuga de passar, 
no tan per aguantar el dolor, que es pot, 
sinó per cansament i ganes de veure
 la careta del meu fill.

 Però tenim eines per fer-ho més portador, 
vaig preferir estar de genolls al llit,
 amb la pilota a la dutxa i la millor: asseguda al WC! 
Increïble però cert!.


Quan ja estava quasi en completa, vam arribar a la clínica de Lleida, i amb una mica de sort,
 Montse va poder assistir ella el part: ho recordo ràpid, segur i preciós,
 tenir al meu fill estant de peu va ser meravellós!
                                                                                       
 Notes que és el millor, perquè jo i el Pol és el que volíem; 
agafar entre el meu home i jo al nostre fill sense que ningú altre el toqués,
saber que ets el primer en veure’l i el primer que ell veu, no té preu;

tallar el cordó quan deixa de bategar; expulsar la placenta sense esforç; 
que et cusin la miqueta que s’ha estripat sense dolor; 
deixar que l’instint del teu fill el faci agafar-se als teus pits; i saber que 
estàs tan desperta de cap com de cos i que tot el teu cos està sentint cada sensació, 
és una experiència única i amb ganes de repetir.

Saps que el teu cos està actiu i preparat per aixecar-se, caminar, bressolar i estimar al teu fill. 
Els tres vam gaudir de cada instant i ho seguim fent. Gràcies a tots els que ens heu ajudat.


PARIMOS,TRABAJAMOS, PERO SIEMPRE EN FUSIÓN.....
Aina nació en su casa , y este es el relato de conexión con su preciosa mamá a sus 6 semanas de vida


Vaig deixar a l'Aina a les 7 del matí dormint al llit amb el Manel i amb l'Arnau.

 Els vaig deixar un biberó amb llet meva per si tenia gana, però ella no és va despertar fins les 9 que vaig arribar i va popar molt contenta!

 Després vaig tornar a la botiga cap a les 9:30. Llavors se la va endur la meva mare perque ja tornava a dormir, i també tenia un biberó per si tenia gana.

 Lo curiós de tot és que jo al cap d'una estona, vaig començar a gotejar llet pels dos pits amb una pujada de llet intensa!......

 i al cap de res,  5 minuts , apareix la meva mare dient-me que l'Aina no volia  el biberó i plorava de pena!
 I si efectivament feia careta de pena!

 La vaig agafar,  va popar molt poquet i va dormir plàcidament dues hores amb mi a la botiga... cosa que no havia fet mai encara!!

Amb tot aixó vull dir que els lligams entre mares i fills són tant forts que fins i tot amb la distància, totes dues vam tenir l'anyorança i la sensació de voler-nos abraçar!

L'Aina té 6 setmanes i jo sóc autònoma, però amb això vull dir a totes les mares , que si poden gaudir d'un permís de maternitat més llarg, que ho fagin plenament!! 

Avui ja tinc l'Aina amb mi i no se l'enduran de la botiga. 
 Les dos necessitem estar juntes,  fa molt poquet que ens vam separar,  i encara ens necessitem 24h!!


GRANDE Y EN CASA?...
TODO ES POSIBLE, HAY GRANDES MUJERES! 

Cómo iba a nacer nuestro bebé…
Nunca me había hecho esa pregunta, ni sabía la importancia que tenía. Me preocupaba la reacción de mi cuerpo al dolor y cómo lo viviría mi bebé, ¿sentiría lo mismo que yo?
No paraba de formularme preguntas sin respuesta, pero poco a poco de lo que sí estuve segura era de que quería que mi bebé marcara los pasos y el ritmo del proceso. Y el final, el lugar… ya se vería!

Las personas que nos acompañaron nos ayudaron muchísimo, su papá, Montse y mi hermana me conocían, sabían perfectamente qué hacer en cada momento sin necesidad de pedirlo y es algo que facilitó mucho las cosas. No tenía que hablar, ni pensar, sólo tenía que dejarme llevar.
Había tenido contracciones las dos últimas semanas a última hora de la noche, pero… éstas eran diferentes, por la mañana, cada más tiempo y… seguían.

La mañana fue relajada. Después de comer decidimos llamar a Montse para contarle cómo iba todo. Vino a última hora de la tarde y cenamos todos tranquilamente. Las contracciones fueron aumentando por la noche. Su papá y yo la pasamos en el salón, dándonos la mano e intentando dormir. Fue pasando el tiempo, que ahora recuerdo algo borroso, y cada vez se acercaba más el momento. La última parte de la dilatación estábamos en el agua, rodeados de velas, su papá me echaba agua calentita en la tripa en cada contracción.

Y llegaron las ganas de empujar. Estábamos en nuestra habitación, nuestro espacio. Hacía calor, abrían y cerraban las ventanas, yo no tenía que preocuparme de nada. Me movía, de lado, cuatro patas, la pelota, un abanico, almohadones… todos se acomodaban a mí sin palabras, sólo viéndome o por mis mínimos gestos.

Las últimas horas fueron duras. Grité como nunca pensé que lo haría. Y ahí llegaba.
Las dos últimas contracciones las recuerdo con una mezcla de nerviosismo, miedo y locura. Supongo que la adrenalina del final haría su trabajo.

Montse me dio a nuestro bebé sobre mi pecho. Era grande, 4250 ! .

 Recuerdo que a su papá le resbalaban las lágrimas. Frotábamos a Adrián con toallas y poco a poco fue reaccionando.

 Nos acomodamos en la cama y nuestro bebé estiró los brazos para vernos. Tenía fuerza y ya buscaba el pecho para mamar. Relajación.

 Ahí estábamos nosotros tres, tumbados. Montse y mi hermana seguían preocupándose de todo mientras nosotros nos conocíamos, acariciábamos y nos queríamos.


El resto lo recuerdo muy borroso. Cuando el cordón dejó de latir, su papá lo cortó y la placenta salió enseguida. No tuve ningún punto, todo íntegro y perfecto.

Fue uno de los días más felices de mi vida. Ahora Adrián tiene diez meses y cada una de sus sonrisas hace que la vida sea más maravillosa.

                                                      
CLAUDIA Y BIEL, EN HOSPITAL Y EN CASA
Tengo dos hijos y ellos me han regalado el ser madre y el descubrir en mi misma una gran fuerza y energía, que a mi forma de ver tenia dormida hasta ese momento.

El trabajo de parto de mi primera hija empezó 4 días antes de su nacimiento. Empezó con contracciones suaves a intervalos constantes  y poco  a poco iban incrementando la intensidad. Estuve los primeros 3 días yendo a visitar a mi comadrona Rosa yvolvía a casa , a andar, duchas, a la piscina, ejercicios con la pelota, masajes en el lumbar, … intentando descansar cuando podía. Estuve dos veces en el hospital y justo llegar se me paraban las contracciones y volvía a casa, y cuando llegaba a casa volvían de nuevo.

Ya la tercera noche las contracciones se fueron intensificando y volvimos al hospital . Fue largo, nació en el baño con Rosa la comadrona, mi hermana y Max y yo. Fue un momento muy especial en el que nos enamoramos de nuestra hija al instante. La tuve en brazos sin ropa los tres días que estuvimos en el hospital y cuando iba al baño Max se quedaba con ella en la cama sin camiseta. Clàudia se cogió al pecho muy fácilmente y la subida de la leche fue muy rápida en menos de 24 h cosa que causó que los primeros días de Claudia fuesen fáciles y muy intensos.

Aunque el nacimiento de Claudia fue muy especial y respetuoso cuando nos planteamos tener otro hijo decidimos desde el primer momento que queríamos recibirlo en casa.
Cuando llegó el momento de recibir a Biel, yo contaba con toda mi confianza en mis amigas comadronas Rosa y Montse y con la confianza en mi misma de saber que podia hacerlo y sin ningún miedo que nublara ese momento.

Las contracciones empezaron a las 17 h de la tarde de un sábado, empezaron contracciones muy suaves y estuve aun un rato tumbada en la cama haciendo la siesta junto a Clàudia. Sobre las 19 h llamamos a mis amigas comadronas Rosa y Montse para avisarlas que parecía que había llegado el dia.
Max y Clàudia prepararon la casa bajando las persianas, poniendo luces suaves ,evitando ruidos fuertes y mi hermana también preparó un gran peluche envuelto de sabanas para hacer de puf.
Estuve la tarde encima la pelota, andando por el pasillo y pasando las contracciones una a una junto al atento cuidado de mi hija y marido.

Cuando me imaginaba el nacimiento de Biel , me imaginaba junto a Clàudia i Max pero cuando llegó el momento me apetecía desconectar de todo, así que cuando sobre las 22:30 Clàudia se quería ir a dormir fue un alivio. La acompañé a la cama y le di el pecho. Fue entonces cuando con los 5 minutos que Clàudia tomo pecho se intensificó todo y justo me levante las contracciones ya eran mucho mas fuertes. Me puse en la bañera  y las contracciones iban aumentando de intensidad y periodicidad. Entonces llamamos a Rosa y Montse para que viniesen.
Yo seguí andando y con ejercicios sobre la pelota y sobre las 23:30 llego Rosa, aunque he de decir que casi no me di cuenta ya que estaba todo a oscuras. Al poco rato llegó Montse.

Ellas se movían por casa con unas pequeñas linternas y muy silenciosamente, y de vez en cuando iban escuchando el latido del corazón de Biel que se oía muy bien.
Las contracciones iban siendo  mas intensas y me puse de rodillas en el suelo, apoyada en el sofá, e iba descansando encima del puf que me habían preparado.
Entonces empezaron las ganas de empujar y entre empujón y empujón sentí el aro de fuego que nos habían comentado en alguna de las clases de preparación que indicaba que ya estaba cerca nuestro hijo. Después de unos empujones intensos mas sentí como se rompía la bolsa i al instante salía Biel (1:35h). Lo agarre por debajo mis piernas y nos quedamos abrazados junto a Max en el suelo. Fue un momento muy bonito e íntimo.
Cuando ya tenímos a Biel entre nuestros brazos y aun con el cordón latiendo avisamos a mis padres, hermana y cuñado (que viven al lado) y estuvimos un momento todos juntos disfrutando de nuestro hijo y dándole la bienvenida mientras tomaba pecho ( ya con leche que su hermana le había estado guardando estos años).

Sobre las 4 después de comer una galletas con nuestras comadronas y tomar unos zumos nos fuimos a dormir y justo llegar a la cama Claudia se despertó y se encontró a su hermano, los ojos le brillaban de emoción y para mi fue muy especial ya que aunque no estuvo justo en el nacimiento no nos separamos de ella ni un momento y vivio el nacimiento de su hermano como una fiesta, aligual que todos nosotros.

A diferencia del nacimiento de Clàudia donde tuvimos miedos, dudas,… con el nacimiento de Biel estábamostan tranquilos y con confianza en  mi misma y en nuestras comadronas ,que todo fluyo con mucha tranquilidad y naturalidad. Para nosotros parir en casa ha sido un regalo para todos. Gracias a Rosa y Montse por su increíble dedicación y apoyo.


UN VIAJE HACIA SU NOMBRE , parto en casa  

1, 2, 3, 4 … Estoy embarazada por primera vez. 
Me reflejo en los ojos de mi compañero:  amor, alegría, entusiasmo….
Pasa la eternidad ante mi…me siento inquieta y tranquila a la vez… hay tantos futuros imperfectos… 
En un ejercicio de interiorización me desplazo al momento del parto.  Está dentro y tendrá que salir, tendrá que salir…..  
La vida es un estanque de instantes y ese momento es un salto de agua de un nivel a otro, de un ciclo a otro.
¿Cómo? ¿Donde? ¿Con que intensidad?

Con el tiempo me he dado cuenta que la vida es un viaje iniciático lleno de momentos místicos.  El misticismo para mí es la confianza en que lo que tiene que ser será, una especie de dejar las cosas en manos de otras manos,  ya sea de seres invisibles o visibles que te acompañan con su energía y amor.

También que las diferentes realidades que llenan tu vida responden en parte a ciertos deseos previos, a pensamientos conscientes o inconscientes sobre lo que consideras que forma parte de tu felicidad, si deseas alcanzarla.  Sí, quiero ser feliz, sí quiero que la niña esté bien, sí y que todo en el parto vaya bien.  En el momento asumiré los cambios constantes en todo lo que suceda y las sensaciones que tenga las observaré lo más ecuanimamente posible.

Así que junto a la propia confianza y la magia del cuidado ajeno, mi parto lo visualizaba como un viaje hacia un nombre, hacia su nombre.  Sería una niña y se llamaría Charlotte.

Esther, Dul y Montse me acompañarían:

Esther es una amiga mía de hace muchos años, hemos llegado a vivir juntas.  Es una de esas personas mariposa que empatizan con las emociones hasta lo más profundo de su ser.  Su experiencia en los dos partos domiciliarios de su hermana y la confianza que depositamos la una con la otra era crucial.
Mi compañero Dul tras varias conversaciones apoyaba mi decisión de tener a la niña en casa, sería muy importante su apoyo y confianza en mi.  Pese a que no sabía como reaccionaría ante la experiencia, lo cierto es que me sentía muy segura con su presencia y amor.
Montse era mi amiga comadrona. Su profesionalidad y su exquisito seguimiento hicieron sentir que había tomado la decisión adecuada con la persona adecuada.

Tenía a mis tres acompañantes, un espacio propio  e íntimo y una confianza plena en que todo saldría bien.  Los primeros dolores de contracciones empezaron una noche, levemente, pero ya no me dejarían dormir.  A primera hora de la mañana ya vi que eran regulares y le mandé un sms a Montse.  Vino Esther sobre las 11 de la mañana, había que prepararse, a las 12 de la mañana ya eran más dolorosas y cercanas a los 40 segundos cada 10 o 15 minutos.  Montse me recomendó descansar.  Yo cantaba los segundos en cada contracción hasta que pasamos a las canciones,  ya duraban 1 minuto.  El canto me ayudaba a subirme a la ola del dolor: de canciones de amor, flamencas, jotas… a viejas canciones de rock and roll, todas me servían para evadirme, todas iban dirigidas a Charlotte. 

Cuando vino Montse ya había roto aguas hacia media hora, eran sobre las 5 de la tarde y tenía ya ganas de empujar.  Estaba de 8 cm. Pasé a la bañera para dilatar los últimos 2 cm.  Fue muy efectivo, estuve como hora y media, seguía cantando y ya aullando en los momentos álgidos… Pasamos al cuarto donde me habían preparado la sillita de partos, estuve con Dul durante 40 minutos, creía que eso ya casi estaba, pero no, las cosas iban a su ritmo, y la niña tenía que bajar el canal del parto tranquilamente.  Volví a cambiar de posición,  tumbada sobre una colchoneta agarrada a las patas de una mesa, a cuatro patas sobre una pelota gigante, y de allí a la esquina de una cama con Dul cogiéndome por detrás y Esther y Montse haciendo de sujeción de mis pies con sus hombros a la hora de empujar. 

A las 9 menos 10 salió Charlotte, nos dejaron solos con ella. Era tan bonita y tan hermosa… 4 kilos de niña!! Con ayuda de Montse y Esther cortamos el cordón umbilical una vez que respiraba por si misma y la placenta salió a la media hora sin ningún problema.

Fue una experiencia super bonita, me siento muy orgullosa de tener un parto como el que tuve, Charlotte se lo merecía.

PARTO NATURAL EN PIUS HOSPITAL DE VALLS
Laia, nuestra tercera hija, llegó al mundo felizmente el 27 de agosto en el hospital Pius de Valls. La recibieron las manos de Montse (comadrona amiga que casualmente estaba de guardia), el regazo de su madre y el amor de su padre. Creo que en la aventura de su nacimiento se sintió amada, acompañada y respetada, al igual que sus padres.
La decisión sobre el lugar y el modo de su nacimiento se gestó mucho antes. Laia es la tercera de nuestras hijas y con los partos anteriores y la formación de mano de buenos libros y algunas páginas web habíamos llegado a la conclusión de que, aunque nos hubiera gustado un parto en casa, no era la mejor opción para nosotros. Queriamos un hospital.
El hecho de que Montse trabajara en un hospital que promueve el parto natural facilitó mucho las cosas. Nos pusimos en contacto con el centro y nos acogieron a pesar de no ser nuestro hospital de referencia, pero como aceptan mutuas no hubo ningún problema.
La noche anterior al parto, cuando las contracciones ya parecían indicar que Laia estaba decidida a nacer, nos pusimos en marcha hacia el hospital. Allí nos instalaron en la sala de dilatación, una habitación en la que gozamos de intimidad y tranquilidad. La comadrona fue viniendo regularmente.
Mi marido pudo acompañarme y me sentí querida y sostenida de un modo especial, como me había sentido en el parto anterior. Me abrazó, me cantó, me habló, me hizo reír, acarició y habló a Laia, que estaba en camino.
Llegamos al hospital a las 4.00 h de la madrugada. A las 8.00 h las contracciones eran bastante regulares y fuertes. A las 10.00 h pasaron a ser realmente fuertes y a las 11.00 empecé a tener ganas de empujar, pero todavía no había dilatado del todo y nos fuimos a la ducha, donde con agua caliente me alivié un poco. A las 11.30 h pasamos a la sala de partos, donde me esperaba una camilla magnífica que me permitió estar sentada, controlar mi fuerza y ver lo que sucedía. Tras unos pocos empujones llegó Laia, el milagro de la vida.
 La pude sostener al salir y la puse junto a mi pecho, compartiendo emoción, satisfacción, gratitud y amor. Así empezó otra aventura, la de la crianza y la revolución de lasmadres, la revolución de las "pequeñas" cosas.
Y EL PAPÁ DICE:
Me hizo muy feliz el nacimiento de Laia, y estoy muy contento por la forma en que tuvo lugar. El hecho de que el parto fuera a finales del verano, hizo que toda la fase final del embarazo la pudiéramos compartir mucho Ana y yo, y que tuviéramos tiempo para hablar, pasear, compartir, leer y comentar, y decidir con la paz necesaria.  Todo ello hizo que pudiera implicarme y participar en esta etapa y  prepararme psicológica y emocionalmente junto con mi mujer.

El parto fue momento muy intenso y emocionante. Yo tenía claro que la mamá y el bebé eran las protagonistas, pero lo viví muy consciente de que como marido y como padre tenía mi papel. Intenté que mi actitud fuera de servicio y disponibilidad, e intenté estar sintonía, atento para adivinar y anticipar las necesidades de Ana. Todo ello hizo que me sintiera muy próximo a ella.
El parto de Laia fue natural y salió muy bien. Además lo pudimos vivir plenamente.
El papel de Montse fue fundamental, tanto por el cariño con que nos acompañó, como por la confianza y seguridad que nos transmitió y como con el respeto absoluto en todo el proceso.
Gracias Montse.

Es un privilegio y una gozada el poder vivir de esta manera el momento de la venida al mundo de una hija. Y poderlo vivir como pareja, consciente y activamente


PARTO EN FAMILIA...

Soy Mª José, tengo un niño que se llama Joel de tres años y  nació en Migjorn y una niña que se llama Daia de ocho meses que nació en casa.

Daia llegó de buena mañana,  justo a tiempo para poder felicitar a su hermanito el día de su cumple.

En casa estábamos todos esperándola. Allá las cuatro de la madrugada empecé a notar algunas contracciones muy suaves, esperé durante una hora para ver si iban a  más. Desperté a Juan mi marido para empezar a preparar las cosas ( bañera, pelota, cojines, toallas...) todo lo previsto para el día.

Mientras, yo me senté en una tumbona y con música de fondo iba respirando intentando pasar las contracciones de manera tranquila y sonriente pensando que en poco tiempo iba a sentir el calor de mi niña en mis brazos.

Cuando ya eran casi las seis llamé a las amigas y comadronas Montse y Rosa y la doula Mª Àngels que también nos iba acompañar. Me puse en la bañera llena de agua caliente (que aún tengo el recuerdo placer que me dió) y con los ojos cerrados iba hablándole y centrándome en cada contracción.

Al rato le pedí a Juan que se pusiera conmigo dentro de la bañera para darme masajes, me aliviaba mucho.

A las 7 llegó Montse, cuando la vi recuerdo que hablé con ella. Le pedí que me hiciera un tacto porque yo  ya sentía ganas de empujar, aún recuerdo sus palabras, me dijo que quedaba muy poquito.

Poco después ya me entraron ganas de salir, buscar una postura cómoda y empezar a empujar. Las piernas me temblaban, las tenía dormidas, entre mi marido y Mª Àngels me ayudaron. 
Primero probé de pie apoyada a  la pared de mientras me daban masajes, pero no estaba cómoda. Montse apareció con la silla de parto y cuando la vi lo tuve clarísimo, quería sentarme allí y que alguien me cogiera por la espalda.
Mª Àngels me cogía por la espalda y yo podía apoyarme, recuerdo estar tan a gusto... que la sensación era , que las contracciones eran más suaves!

En ese momento Joel se despertó, mi marido fue a buscarlo y le explicó lo que estaba pasando, él decidió que quería estar delante.
Recuerdo su cara de sorpresa mirándome y observando todo lo que había en su habitación. Al rato quiso irse, Mª Àngels estuvo con él jugando.
Me ofrecieron un espejo para poder verla, me animó muchísimo poder ver como le asomaba la cabecita y poder tocarla. Ellas me animaban diciéndome que ya estaba aquí y que en dos pujos salía!
Yo les decía "seguro???" Me  parecía que había pasado tan rápido!!!
"en la próxima contracción está fuera y la coges tú!!"
Y así fue, por fin ya la tenía en mis brazos, sintiendo su calor, oyendo su llanto y viendo como sus ojitos no paraban de mirarme, para mí era como que me estaba diciendo " eres tú mi mamá??"
No se cuantas horas estuve con ella en brazos mirándola emocionada, hablándole... mientras ella se cogía al pecho!

Durante el expulsivo Joel estuvo junto a su papá mirando como nacía su hermanita. Durante el embarazo nunca imaginé que ver a mí hijo en brazos de su papá mientras nacía su hermanita me diera tanta fuerza , tanta ilusión , tanta emoción ... me di cuenta que había sido tan importante poder tener a mi hijo  y a mi marido al lado mientras nacía Daia!!!!!
No hay precio ni palabras para poder escribir el sentimiento que tuve cuando tenía a mi bebé en brazos, mi marido al lado y Joel dándole besos y mirándola!!!

Daia estuvo durmiendo durante dos horas mientras yo la tenía a mi ladito mirándola en nuestra cama, en nuestra casa,  tranquilas sin tener que aguantar visitas, entradas y salidas de enfermeras. Pero sobretodo fue durante el parto , estar con la seguridad de que  todo iba bien ya que había dos profesionales controlando que todo fuera bien.
Con la emoción de volver a recordar el momento os doy mil gracias a ti Montse, Rosa y Mª Àngels por saber acompañarme con tanto cariño y saber estar en cada momento!!!!

                                                        
RODEADA DE SIETE MUJERES, RELATO DEL NACIMIENTO DE LAURA EN CASA
Patri y yo siempre hemos querido recibir a Laura , nuestra primera hija, en un ambiente y energía de paz y dulzura, en armonía, rodeada de mujeres y sin intervenciones médicas (si no son estrictamente necesarias), así que decidimos realizar un parto natural y en casa.
Quisimos prepararnos para aquel momento y realizar para ello un trabajo de pareja para estar lo más unidas posibles en el momento, por lo que hicimos la preparación al parto en la Casa de Nacimientos de Migjorn. Para nosotras fue muy importante realizar este trabajo un domingo de cada mes. Allí encontramos entre otras cosas : la comprensión, el soporte, la explicación de los tecnicismos médicos de forma sencilla y natural y la energía positiva que buscábamos.
Cada domingo que teníamos que ir a Migjorn significaba levantarse muy temprano, pero sabíamos que volveríamos a casa con la mente renovada y con una inyección de  fuerza ( ya que más de una vez las fuerzas nos flaquearon sobretodo por comentarios de personas seguras de que sin el control y la guía del sistema sanitario, una mujer no es capaz de parir).
En enero llegó Laura y fue sin duda el día más importante de nuestras vidas, estuvimos diecisiete horas de parto y estábamos preparadas e ilusionadas para ello.
Yo estaba rodeada de siete maravillosas mujeres, un número mágico y cada una de ellas aportó granito de arena  a la vivencia. Allí estuvo Victoria (mi madre), Anna ( mi cuñada que se ocupó de la grabación del parto) Montse Bach, Rosa, y Carmen  (las comadronas amigas que por causalidad de la vida asistieron las tres), Martina (una preciosa niña de dos años hija de Montse que aporto su alegría y energía nueva) y Patri, mi pareja, que fue para mi el pilar fundamental, que me mimó, me cuidó, me amó y me animó durante todas esas horas.
Gracias a todas y todos los que habéis colaborado a que el 16 de enero se hiciera realidad mi sueño y pudiera darle esa bienvenida a Laura.


Y PATRI , LA PAREJA , DICE:
Pues siendo del todo sincera, cuando Olga me planteo el parto en casa concentré todos mis esfuerzos para que mi rostro no reflejara lo que realmente estaba pensando. Pensé que el embarazo le estaba robando el juicio.

¿En casa?¿Sin anestesia ni nada? Lo cierto es que mi relación con los partos hasta el momento había sido escasa, excepto al mío no había asistido jamás a ningún parto y los testimonios gráficos que había podido ver hasta el momento provocaban en mí algo parecido al miedo.
Olga ( que aprovecho para decir que es muy lista) lo dejó ahí no se puso firme y me dejo pensar; poco más tarde me planteo ir a un sitio a informarnos sobre como iba eso del parto natural, y del parto en casa.

Durante unos meses fuimos cada domingo a algo parecido a clases de preparación para el parto aunque supongo yo, muy diferentes a las que proponía la Seguridad Social.
Para mí fue un descubrimiento sorprendente, descubrí la enorme capacidad de la naturaleza humana y lo equivocada que era mi idea de lo que es un parto, descubrí que podíamos elegir y que en realidad yo quería elegir como iba a venir mi bebé al mundo, vamos en definitiva lo que me pasó es que se me fueron los miedos.

El día que empezó el parto yo lo viví contenta y tranquila, ya no necesitaba una ambulancia en la puerta de casa, no teníamos que salir corriendo a ningún lado ni llamar a toda velocidad a alguien para que viniera con urgencia.

Tampoco es que no necesitáramos a nadie, al fin y al cabo era nuestro primer bebé y una cosa es la teoría...  Las primeras contracciones se produjeron al mediodía en la calle, así que poco a poco fuimos acercándonos a casa, una vez allí llamamos a las comadronas, las cuales por los síntomas decidieron que hasta las siete de la tarde no iban a pasar por casa, en ese momento pensé de nuevo en que no vivíamos tan lejos  del hospital, pero se me pasó en seguida.
Olga fruncía todos los  músculos de  su cuerpo cada cinco, tres o dos minutos y luego estaba normal, igual que un niño después de desahogar su rabieta, así que hacía bromas entre contracción y contracción.

La parte final del parto ya rodeadas de comadronas amigas y familiares fue larga, nuestra Laura salió a las cinco y media de la mañana así que desde las siete de la tarde las contracciones se fueron haciendo cada vez más fuertes y el cansancio de las horas hizo que en vez de hablar Olga guardara sus fuerzas para lo que estaba haciendo . Necesitaba silencio y poca luz, y de forma casi animal se iba moviendo de un lugar a otro, ahora en la bañera, ahora en el suelo, ahora en una de esas pelotas enormes que parecían ayudarla a soportar mejor el dolor ,hasta que llegó un momento en que se estiró en un colchón en el suelo y ya no cambió más de postura, encontró una en la que se preparó para el último empujón ( que dicho así parece que fuera uno solo pero aún duró un ratito).

Estoy segura de que ha sido la mejor experiencia de mi vida y en aquel momento fue la mejor experiencia del mundo para todas las que estábamos allí. Le agradezco enormemente a Olga que me convenciera para vivir esa experiencia, no imagino mejor forma de traer a nuestra hija al mundo y el vínculo de unión que se creó en ese momento entre nosotras fue en parte gracias a que no hubo ninguna distorsión que rompiera la magia de ese momento, cosa que dudo que se produjera con el parto que yo tenía en mente a priori.
Solo me queda dar las gracias a todas por ese momento. 
                                                                                                          

                                     NAIXEMENT D´ANNA A CASA

La nostra primera filla va néixer en un hospital després d’hores de patiment i una sèrie d’intervencions “ molt necessàries”.  Un cop la vaig tenir amb mi ni tan sols tenia forces per sostenir-la. 
Aquest fet va ser el primer graó d’una llarga escala que ens va conduir a finalment tenir la nostra segona filla al menjador de casa nostra.
No era la nostra intenció inicial però el destí,les amigues llevadores i la doula, ho van fer possible.
L’Anna va néixer a casa, envoltada de pau i amor, i va ser un moment molt emocionant tant pels pares com per totes les persones presents.
No ho havíem planificat així, però quan el treball de part va començar vam veure la llum i totes les pors i incerteses van quedar aparcades al racó, no volíem anar enlloc, no volíem exposar-nos a intervencions “necessàries” ni a protocols degradants, volíem estar tranquils i viure el part i el naixement en família i així va ser.
Tot i ser la segona, no va ser curt ni senzill, però res comparable al patiment “hospitalari” provocat per hormones artificials i postures imposades, i un cop es va decidir a sortir, tot va quedar enrere. Vaig poder sostenir la meva filla al pit mentre el cordó deixava de bategar i la vam poder contemplar i acaronar mentre ens dedicava la seva primera mirada envoltada d’una serenor i pau increïble. Pocs minuts després descobria el pit i començava un nou vincle indestructible.
Aquesta llarga escala té molts graons, coses que hem llegit o escoltat, amigues que han compartit les seves experiències de parts domiciliaris, sentiments i emocions; ha estat un procés sovint inconscient però que poc a poc ens va anar preparant pel gran moment.
Gràcies a tot el procés i a les persones que van intervenir en el part,  les dues amigues comadrones  la Montse Bach i la Rosa, la doula M Angels hem aconseguit que el meu part hagi deixat de ser una experiència dura i envoltada de patiment per esdevenir un treball intens però assumible i que desemboca en la més gran de les recompenses, la nostra preciosa filla. Gràcies a totes les que ho heu fet possible.


NAIXEMENT DE MAX A CASA
No és casualitat que escrigui avui això, avui és el dia dels enamorats.
Tinc poques conviccions innates pre-establertes ( i cada cop menys dadquirides), no obstant, estic segura que en algún lloc del meu adn, hi diu; tu pariràs com deu mana i estimaràs el part natural!
Ha de ser així, no ho entenc de cap altra manera. I així va ser. La meva cossina és Montse, comadrona.

El meu part es va desenllaçar naturalment, lleu dolor de matinada/ malestar /trencament de bossa a les 16h/contraccions una situació molt normal quan les coses están dins del mitjà que toca, és bona veritat que no es poden treure les coses del seu contexte natural.

Varem estar els que tocava, ni més ni menys, dins la meva casa, les meves coses, les meves olors, el meu ordre i la meva tranquilitat. Estàvem al menjador, una situació de lo més quotidiana, com si estessim fen un café de sobretaula, quan ja em vaig sentir més incòmoda pel dolor, em vaig autoaïllar uns metres, més sola, exercicis de pilota, esterilla, moviments circulars i anar fent.anar fentesgotat el primer període, vam iniciar el segon a la banyera, degudament acondicionada; veletes, calefactor, aigua al punt, poca llum..mmmmm.ideal! en unes horetes, el max i el meu úter ja havien fet gran part de la feina, ja estaba en completa. Estava llesta per veure com es desenllaçava el dia més important de la meva vida, el meu petit va decidir nèixer a la tassa del wáter, mai més a la vida sentiré la llei de la gravetat tan a la vora, me nenric dels que fan pointing i benging
Admiro a les dones que es decideixen a donar llum en un centre hospitalari, això sí que és complicat i dur!. Ara si que ho sé. Sé les necessitats que vaig tenir a casa, el que em venia de gust, el que no hagués acceptat que em diguessin, o que em fessin, no em venia de gust mourem i no ho hagués pogut fer ni que mho haguessin demanat, el no dur roba, el beure quan em semblava,el plorar, lexhibirme, el no exhibirme
No sé com será la vida del Max, però hem començat la casa pels fonamentssempre podrà dir: vaig nèixer feliç, això conta no?

NACIMIENTO DE LEO EN CASA
Por fin cayó el tapón y tuve mis primeras contracciones suaves. Ya habían pasado 10 días de la fecha prevista, así que me emocioné pensando que seguramente conocería a mi hijo en unas horas. Me relajé con un baño caliente y nos fuimos a dormir. La noche fue larga con contracciones cada 15-20 minutos, pero al amanecer se detuvieron.
No volví a sentirlas hasta la noche siguiente, esta vez se aceleraron y cuando se repetían cada 5 minutos llamamos a Montse, comadrona amiga de la familia. Llegó un par de horas más tarde porque estabamos lejos, y sólo con verme la cara supo que todavía no era nuestro momento. No había dilatado, pero las contracciones siguieron rítmicamente durante toda la noche. Ya fueron más intensas,  me concentraba en el poema de Leboyer, en el que las compara con las olas del mar, para que el dolor fluyera como el agua.
De nuevo, el amanecer las detuvo. Llamamos al hospital para informarles de que no iríamos a nuestra cita de inducción de parto, prevista para esa misma mañana, y a comunicar nuestra intención de recibir a Leo en casa. Después de dos noches sin dormir, estaba agotada y, sobretodo, asustada. ¿Por qué se detenía la dilatación? Si hubiera seguido las indicaciones de mi ginecóloga, a esas alturas ya me habrían provocado el parto, pero yo quería esperar a que llegara el momento idóneo. Leo o yo no estábamos preparados todavía, y queríamos respetar ese proceso.
Mi pareja me ayudaba con algunos ejercicios de relajación, pero volvimos a pasar otra noche parecida. Reconozco que esta vez sin la ilusión de que realmente el parto se iba a desencadenar de forma inminente. Amaneció, y esta vez las contracciones no se detuvieron. No eran muy intensas, y me seguían dando espacios de más de 15 minutos, pero el sol no se las llevó del todo y eso nos dio esperanzas. A media tarde ya se sucedían cada 5 minutos, y hacia las 8 noté el cambio. Eran más frecuentes y un poco más intensas. Le dije a mi pareja que descansara un rato, que me parecía que esta vez iba en serio, y pasé dos horas sentada en la cama, concentrada en que las contracciones fluyeran y alentándolas a que hicieran su trabajo. Llamamos a Montse y cuando llegó estaba dilatada de 2 cm. Me decepcionó que fuera tan poquito, pero a la vez me animé de que, esta vez sí, Leo estuviera al llegar.
Cuando las contracciones se intensificaron preferí salir de la cama para estar en un rinconcito de la habitación con un colchón en el suelo. Las pasé a oscuras, en silencio, con las visitas respetuosas de nuestra comadrona y la mirada atenta de mi compañero, que venia periódicamente a atenderme. Después de cada contracción, bebía agua acompañada de unas bolitas homeopáticas que desconozco si tuvieron o no algún efecto, pero que consiguieron que me hidratase sin parar. Me había preparado concienzudamente, tenía la pelota suiza, había practicado las posturas, los movimientos de pelvis… pero no utilicé nada de todo eso. Quería estar sola, con quietud, concentrada en mi trabajo, que lo viví con tranquilidad, confianza y mucha paz.
Cada hora conseguía un centímetro más, pero hacia las tres de la mañana, cuando ya estaba de 7-8 centímetros, las contracciones volvieron a espaciarse y el proceso se detuvo. Pensamos por un momento que no podríamos cumplir nuestro sueño del parto en casa. Me acordé de mi niña interior y de sus miedos de ser madre, y le dije que se fuera. Intenté movilizar la pelvis entre contracción y contracción. Al rato, noté ganas de empujar. No lo entendía, ¿no se había parado la dilatación? ¿No tenía que sentir contracciones muy dolorosas e insoportables? Hasta ese momento todo había sido tan pacífico… Se lo expliqué a Montsey me tactó para ver cómo estaba Leo. Algo le dificultaba la bajada, y yo no estaba dilatada del todo, por lo que me recomendó que esperase un poco.


Era incapaz de no empujar, y el latido de Leo seguía perfectamente, así que la comadrona aceptó que intentase los pujos. Cambié de posición, me puse de cuclillas mientras mi compañero me sostenía la espalda y los brazos. Con cada contracción sentía la presión de mi útero y los deseos de empujar. Pasé así un rato, cuando noté que se me acababan las fuerzas, la comadrona me puso un espejito para que viese la cabecita de Leo. 

No me lo podía creer, allí estaba, tan cerca que podía acariciar su pelo. Eso me dio una fuerza increíble para continuar, a dirigir los pujos directos hacia la salida, recordando que toda yo era un canal de vida. 
A las 7:30 de la mañana nació. Primero consiguió sacar la manita y parte de la cabeza, y en el siguiente pujo salió todo enterito. Llevaba una vuelta de cordón, que Montse pasó sin dificultades.
Aunque parezca mentira, no noté la salida del bebé, yo sólo empujaba y empujaba, y no recuerdo haber sentido dolor, ni el aro de fuego, sólo esfuerzo, un esfuerzo inmenso. Y al abrir los ojos, allí estaba Leo, precioso, limpísimo, tranquilo, con los ojos abiertos, me miró, miró a su padre, miró a la comadrona y empezó a respirar. Habíamos conseguido que naciese cuando ambos estábamos preparados, y seguramente toda la preparación de los días anteriores ,sirvió para que el parto fuese menos doloroso para mí y más fácil para nuestro niño.
No tardó nada en agarrarse a mi pecho, mientras yo le miraba, y no he dejado de mirarle desde ese día, sin todavía poder entender cómo este niño al que ya quiero tanto haya salido de mí.

Y AGUSTÍN EL PAPÁ DICE:
Son ya varios días de contracciones, empezó el martes, hoy es viernes
Carlota, mi pareja, está allí, en el centro. Todo converge hacia ella, su cuerpo se abrirá y permitirá que nuestro hijo llegue.

Cuando me dijo de dar a luz en casa pensé que esa manía se le iría sola, “son las hormonas, por eso no piensa bien”. No es capaz de razonar ni de sumar riesgos y probabilidades.
Venía un nuevo ser a este mundo y quién lo iba a recibir mejor que su padre y su madre, con ayuda profesional, pero la necesaria, con paz, intimidad y total entrega.
Todo eso estaba bien, para mi era un ejercicio de responsabilidad profunda ayudar a que mi hijo nazca como me hubiera gustado nacer a mi. Pero ahora eran las 11 de la noche, llevábamos casi 4 días de contracciones, parecía que esta vez iba en serio… Y yo estaba acojonado… Contento… Pero acojonado.
Ella allí en el centro, trabajando serena y yo diciéndole que todo iría bien sin tener ni idea… Vamos, como los banqueros antes de la crisis
Entonces llegó Montse, nuestra comadrona, estaría con nosotros todo el parto. Con ella trajo tranquilidad, serenidad y confianza
Fue como deberían de ser siempre estas cosas. Carlota dejó que todo el proceso fluyera a su través. Montse se hizo cargo de todo cuando fue necesario.
Yo estuve ahí, testigo maravillado, recibiendo a nuestro hijo a este mundo y dándome cuenta de que traía todo un universo tras su mirada .

                                                         
   












    

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